lunes, 23 de febrero de 2009

Por mi Quique...

Me molestan las medias, me pican, y la cinturilla me está apretando tanto que me falta el aire. También estoy nerviosa, claro, pero eso es lo mismo de siempre. Qué octubre, señor, qué calor, no soporto tanto calor, a ver si se acaba ya de una vez…

Míralo ahí, quieto, subido en el estrado como dicen en las películas, después me tocará a mi. Encima va hasta guapo, la abogada le ha dicho que tiene que espirar o ispirar respeto, no sé cómo se dice… Mi muchacho sí que está guapo. Las gafas no le sientan mal, tantos años estudiando… no como el mayor, que enseguida dijo que se iba y ¡hala! a ganar dinero con el sudor de su frente, -como decía la abuela-. ¡30 años y ya desgraciao de la espalda! El padre se puso tan contento, albañil, como él, trabajo seguro decía y mira, ahora los dos en el paro. Menos mal que el pequeño me hizo caso y se puso a estudiar. Aunque, no sé, a veces me parece que tampoco está feliz, tantas horas ahí metido, ¿tendrá novia? ¡Qué va! Este chico mío es un bendito. Aquel pobre chico sería de su edad… ¿le hubiera gustado estudiar como a mi Quique o habría salido como Jaime, tan bruto? Yo me parezco a Quique, hasta en los ojos de borreguillo. De pequeña, mi madre decía que era muy lista, ella me enseñó a leer pero no me llevó a la escuela. Mi padre me puso a servir en una casa con catorce años y con dieciocho ya tenía a Jaime así que a ver quién estudia con esa suerte perra encima. ¡Si el señorito Álvaro se hubiese hecho cargo de su falta! Eran otros tiempos, aunque diga mi amiga Petra que los setenta no eran otros tiempos, para mi fueron como los de mi madre o mi abuela. Sirviendo en casas de ricos, con las manos como palas de madera vieja y mohosa y los huesos retorcidos. Planchar, eso es lo que más odio. Plancharle hasta las bragas a la estirada de la señorita Milagros, tantos años mirándole a los ojos al cabrón de su padre y él nunca ha podido sujetarlos a los míos. El Jaime es igualito a él, pero también se parece a Paco aunque no sea su hijo. Y bien que se lo ha restregado toda la vida. Así el chico no hizo nada a derechas. Mira que irse a trabajar con él. Con la de enganchones que han tenido, siempre por mi culpa, eso lo sé. Qué mal he sabido llevar al Paco. ¿Que venía con dos copas de más? ¡Pues haberte metido en la cocina y punto! ¡Es que me llevaban los demonios de verle meterse con los críos…! menos mal que la niña no llegó a los dos años. Virgencita mía, qué bonita que era. Un mal le vino y durmiendo se quedó la criaturita… ¡No te pongas a llorar ahora! La abogada me ha apretado la mano. Anda que no sabe ella de todas estas cosas, mientras le preguntan a él, ella se da la vuelta y me mira un segundo, sonríe pero yo no sé lo que me pasa, no me gusta su cara. Hay que estarse quieto y callado y contestar sólo cuando te pregunten. Se me va a notar tanto que soy una inculta. No pude estudiar y tampoco es que me guste, la verdad. Me cuesta enterarme del periódico. Cuando Quique me cuenta las cosas sí que me entero y se pasan las horas tontas si me habla de los bichitos esos que recorren el cuerpo y que nos sacan de catarros. Hasta me río y todo ¡pues no dice que hay bichos que son buenos! Este hijo mío se está volviendo loco con tanto libro y tanta medicina.

El otro… Me pareció que era rubio cuando lo vi ahí tirado, en el suelo… Luego en la tele salió tantas veces y, entonces, era moreno. Es que con el susto, las caras y los colores se ven diferentes, como que cambian de golpe. Yo no sabía que se podía vivir peor. Estaba acostumbrada a mi vida pero después de eso Paco bebió más y, bueno, lo de la cama, qué castigo, qué noches, lo pagaba todo conmigo. Por eso se fue Jaime tan deprisa, doy gracias porque podía haber pasado algo muy gordo y, por eso, Quique quiere estudiar siempre con la tita Chelo, soltera y trabajando, su casa es tan grande, hay tanto silencio… Si no le da por poner esas canciones modernas que le pone al chico, entonces la casa parece que se va a caer pero veo a Quique reírse y, entonces, se me pasa todo.

No quiero mirar porque sé que está ahí la madre. La veo de reojo. Está muy agachada. Como yo. El dolor te agacha eso lo sé. Yo fui a la peluquería, me lo dijo Yolanda, la abogada. Me dio dinero, qué vergüenza, dinero para un capricho. En el espejo grande de la peluquería, con el pelo mojado, me miraba la cara y me parecía la de mi padre. Sí, nunca fui guapa y dice el Paco que es esa cara de hombre que tengo. Yo creo que en la catequesis me hicieron una foto y no era así, pero si todo el mundo lo dice… hasta mi madre lo decía, tendrán razón. Esta señora, la madre, sí tuvo que ser guapa, se ve en sus ojos grandes y su nariz bien puesta. Las ojeras son otra cosa, y las canas, de eso ella no tiene la culpa es la vida, y mi Paco, claro. Bueno, mi Paco y yo, pero no puedo pensar eso porque me pongo a llorar y la abogada dice que no puedo llorar todavía, que luego cuando me pregunten, sí. Pero si llevo llorando toda la vida y nunca ha servido para nada, ¿de qué va a servir hoy?

Ya me toca, qué nervios por dios, qué pálida está la madre y su marido me mira con ojos de odio, lo veo claro, así me miraba muchas veces el Paco, ya ni se fija si estoy o no, eso es un alivio. Dicen que está con la del pescao de Mercamadrid para fastidiarme, pero yo siento lástima por esa otra, y me alegro por mí. Ya era hora.

-¿Yo?, Vicenta Padilla Jiménez, señor. Sí, señor, es Paco, Francisco José García, quiero decir. Mi marido. Soy asistenta, señor, pero gano poco, sin su sueldo… ¿Interés? ¿Yo? Sí, señor, que esto se acabe ya… Sí, juro. No, no, no miento, no. …Sí, sí, sí, entiendo que soy testigo, señor. ¿Qué? ¿Los hechos? ¿Qué son los hechos? ¡Ah! ¿Esa noche?

Esa noche iba yo a su lado, tenía una uña rota y me daba maquillaje en la cara, Paco se había enfadado mucho porque se me quemó la cena. Llamaron por teléfono y mi madre dijo que se encontraba mal. El Paco se puso como una furia. Quique lo sujetaba y el otro decía que nunca podía cenar a gusto. En el coche seguía enfadado y yo no me callaba, le pedía que se tranquilizase y él me pegaba. Sé muy bien que no le gusta que le diga que se calme, pero no me sale otra cosa… Iba muy deprisa y yo me sujetaba al asiento. De repente, el coche se fue hacia la acera, chocamos con una papelera y detrás… Detrás, vi a ese chavalillo rubio mirarme con los ojos tan grandes… Luego me desmayé.

-… ¿eh? Perdón, perdón, es que, es que… Señor, yo… verá… es que… ¡Ay, dios! Mi Paco me ha pegado toda la vida pero ya no aguanto más. ¡Sí! ¡Mi marido me pega! ¡Me pega siempre! Y a mis hijos, mi Quique, pobre, mi Jaime… Por mi Quique, es por mi Quique… y por su hijo, ¿sabe? Por su hijo. Para que la madre pueda dormir. Para que ese pobre padre no me odie... ¡perdóneme! Yo tuve la culpa, señor, tuve la culpa y ahora no me sale llorar, porque aquella noche mi madre se estaba muriendo y puse nervioso a mi Paco, ya lo sé, siempre te pongo nervioso pero, ibas tan borracho, madre mía, tan borracho…




Por MARTA, CAROL, MARIA TERESA, ORFEA, CRISTINA, MARÍA NIEVES, JUANA MARÍA...
POR TODAS.

4 comentarios:

Eme dijo...

"no sabía que se podía vivir peor" ...estás que te sales.

Salam dijo...

:DDD

El Escocés dijo...

Joder, Sofía... a ver cómo me duermo yo ahora... Sensacional!!!

Salam dijo...

Pido un deseo, diría que pequeñito pero en realidad se sale:

Que -al menos- el día 25 de octubre de 2.009, ninguna mujer muera a manos de nadie ¿en el mundo? ¡Imposible! ¿en España? Tal vez...

(gracias Eme, Escocés)